domingo, 11 de mayo de 2008

Una de las cartitas que me escribe mami

Mendoza, 02:02 a.m. del día domingo 11 de mayo de 2008

Tengo una lista tan extensa de objetivos y tareas pendientes, que hay veces en la que siento una imponente fuerza que me hace entrar en cortocircuito, para tratar de respirar profundamente y olvidar por momentos todo lo que debo, para ponerme al día con mí misma… en esos momentos de ocio, por llamarlo de alguna manera, es cuando me resurge la motivación por descargar mis sentimientos internos y dejarlos plasmados en algún sitio, de esta forma puedo recurrir a ellos para analizarme en un futuro próximo o lejano, quién sabe, da lo mismo, lo importante es poder encontrar una imagen de uno, para si se quiere: “mejorar un par de cosillas”, o más bien tener la información a mano para cualquier utilidad (con esto quiero evadirme de la responsabilidad de acumular evidencias que me comprometan a mejorar aspectos deteriorados de mi ser, que llevan tiempo encarnados en mí, y me cuesta tanto modificarlos).

Hoy y para siempre, en mis emociones, preocupaciones y ocupaciones, de más está decirles quién es el ocupante del primer lugar, sin posibilidad de reacomodo. Claro, es difícil explicar que siente una madre, mas es tan sencillo entenderlo. Pues cada mañana al despertar, aunque mi noche no sea del todo grata, aunque arrastre el cansancio y se plasmen en mi conciencia las interminables horas que quedan, que al final del día resultan insuficientes para reubicar tantos quehaceres… es gratificante, por ponerle un insulso calificativo a tan inmensa alegría, en la que me encuentro incapacitada para describir, el saber que lo veo a mi lado, y que entre llantos y reclamos que tratan de llamar al atención, al encontrar una mirada cómplice, su rostro sólo esboza una pícara sonrisa, que acaba con mis desalientos, y me recarga el continente de ánimo que debo distribuir durante las horas que restan hasta volver a vivir tan magnífica experiencia.

No es mi intención engañar a nadie, y esbozar una linda descripción de la tarea de ser madre, como la más sencilla, hermosa y estimulante, porque a mi pesar tendré que arrastrar con montones de cosas que me cuestan, que me duelen, que me agotan… y no escondo tampoco el mal humor que me produce saber que mi paciencia se agota y que no resiste tanta responsabilidad, dejándome muchas veces sin ánimos para hacer nada o con unas horrorosas ansias de encontrar la puertita al más allá y ni siquiera salir corriendo, sino inventar la manera de hacer posible que el ser humano vuelve, así alcanzo el objetivo más rápido, lo más rápido posible. Y si amigos, es agobiante, para que mentirme y mentirles… pero afortunadamente es la tarea agobiante más hermosa que me tocó hacer en la vida, si tuviese manera de definirlo quizás hasta perdería la emoción y la importancia, porque esas cosas y sentimientos que nos suceden muy en el fondo del pecho y nos dejan sin aliento para poder expresarlas, son las formas de vida que nos mantienen en forma, dispuestos a derribar el mundo aunque sepamos que es un imposible, porque justamente de metas imposibles se nutre nuestra ilusión.

Y si, soy una mamá a la que se le caen las babas, pero a cual no… después del arduo sacrificio que le corresponde, nos merece la más grande satisfacción de recompensa.

Todo es por vos hijo mío, porque sos la luz de mis ojos, el camino por el cual trasciendo y quiero recorrer, el motivo de mis fuerzas para seguir luchando, mi meta y logro más inmenso, la calma a mis temores e inquietudes, el motivo de mis ganas de vivir. SOS TODO VALENTÍN, TODO.

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